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RELATOS ERÓTICOS

Sexo y Erotismo



VOL. 1



MEGAN WEBB



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ÍNDICE



















EL CONSERGE Y LA ANIMADORA







Llovía en Nebraska.

Estaba pensando en cómo le iba a ir el fin de semana, no había mucho trabajo y eso se notaba en las vueltas que le daba a la cabeza sobre cualquier tema. Todo se desarrollaba como se esperaba de un viernes hasta que llegó un profesor y le pidió que le hiciera unas fotocopias de un examen, como conserje es lo que había, ya le iba bien romper un poco la rutina, aunque sólo fueran un par de minutos.

Ella, después de que se fuera el profesor y él estuviera solo, se le acercó con una actitud entre niña inocente que no había roto nunca un plato y mirada insinuante, le preguntó:

- ¿Podrías hacer una copia extra del examen y dármela?- dijo ella-.

De ella sólo sabía que se llamaba Dakota, era preciosa y con los 18 años ya cumplidos tenía un cuerpo que invitaba a estarla admirando sin reparar en sí había alguien más alrededor. Vestía unos tejanos ceñidos y una camiseta ajustadísima que dejaba adivinar unos pechos adolescentes perfectos, dejaba muy poco a la imaginación.

- No hay nada gratis- respondí-

- ¿Cuánto me cobrarías?

- No todo en la vida es dinero.

- ¿A qué te refieres?- preguntó un poco preocupada.

- Que prefiero cobrarte en especies-le dije-. No había ningún tipo de remordimiento en mis palabras, sólo era una mera transacción para mí.

- Vas un poco salido, ¿no?

- Es lo que hay, tú quieres aprobar y yo quiero sexo gratis.

- Déjamelo pensar.

- Si vas a quejarte a alguien, lo negaré todo, será tu palabra contra la mía. Ya sabes lo que piensa todo el mundo de ti, que eres una calientapollas- añadí-.

- Como te pasas, ¿vale?

- Ya te lo he dicho, es lo que hay. ¿Quieres el examen?, pues el precio es el siguiente, te quedas al final de la tarde, cuando yo cierre el centro, y nos quedamos un rato a solas, tenemos duchas, camillas y todo lo que un hombre y una mujer puedan necesitar.

- Está bien, me quedaré, pero que sepas que me das asco.

- No pretendo ni enamorarme ni que te enamores, sólo follarte.

- Hasta luego, cabrón.

Yo no dije nada, ya había obtenido lo que quería.





Cuando ya estaba cerrando el instituto vi como Dakota esperaba a que se fuera todo el mundo y cuando alguien le preguntaba si no se marchaba, ella simplemente decía que estaba esperando a que la vinieran a buscar.

Estaba impresionante con esos ojazos verdes y la piel ligeramente morena, pero sin duda aún no le podía decir nada, tenía que esperar a que todo el mundo saliera y pudiera dejar el instituto bien cerrado y que nadie pudiera entrar y sorprenderlos.

Viendo que ya no quedaba nadie fue hacia la puerta de la calle para cerrarla con llave y se dirigió a dar una vuelta por el instituto para comprobar, que efectivamente, ya había salido todo el mundo.

Después de dar toda la vuelta al instituto, se dirigió hasta el vestíbulo de entrada, donde se encontró con Dakota, se la veía nerviosa pero decidida a cerrar la transacción de una vez por todas.

- ¿Dónde está el examen?- dijo-.Parecía que quería ir por faena, pero primero la haría sudar un poco.

-El examen lo tengo sobre mi mesa, ahí lo tienes-dije señalando hacia mi lugar de trabajo-.

-Pues dámelo.

-No tan rápido, guapa, primero vamos a recorrernos el instituto para ver cuál es el mejor lugar para tener sexo.

- Tú no te andas con rodeos, ¿verdad?

-¿Para qué?, ya somos los dos adultos, y ni para ti ni para mí es la primera vez.

- De esta manera sí.

- No vamos a hacer nada que no hayamos hecho los dos antes.

- ¿Y tú como lo sabes?

- No es que alguien me haya explicado tus andanzas, pero el sexo es sexo.

- A mí me gusta que haya algo de romanticismo.

- A ver, vamos a dejar las cosas claras, no nos vamos a enamorar ni a tener un hijo, vamos a tener sexo sin compromiso y el lunes va a volver a ser un día como otro cualquiera –le aclaré-.

- De acuerdo, pero no seas ni muy brusco ni muy guarro.

- Como dice Woody Allen, el sexo es bueno cuando es sucio.

- Vale, pero sin violencia.

- Hecho.





Subimos al primer piso, a la sala de profesores, había nevera con un pequeño congelador y eso era bueno para mis proyectos. La cogí suavemente por el cuello y la atraje hacia mí, poco a poco, hasta acercarle mis labios a los suyos, eran suaves y dulces, ligeramente húmedos, aunque al principio le costó corresponderme entendió que no había más remedio y me besó, en algunos momentos hasta parecía que era ella quien marcaba el ritmo, lo que me produjo una sensación agridulce, estaba claro que tenía experiencia y eso era bueno, pero a lo mejor lo que pretendía era ir por la vía rápida, y eso ya no era tan bueno, tenía que dejarle claro quién mandaba aquí.

Sin oponer resistencia le quité la camiseta ceñida que llevaba puesta, aunque tampoco costó mucho, ella colaboraba, definitivamente se pensaba que iba a ser rápido y fácil, y nada más lejos de la realidad. Sólo le había asegurado que no habría violencia, pero nada más.

Acto seguido le quité el sujetador y parecía que los pechos eran más grandes y no al revés, esta tía no necesitaba un push-up, incluso me sorprendió que tuviera los pezones erectos, podría ser por placer o por temor a lo que se le podía venir encima, y sin duda esa era mi polla, todavía me sorprendía como algunas mujeres ante el miedo a sentir placer se excitaban, las feministas no daban una.

Le acaricié los pechos y le besaba alrededor de los pezones antes de acabar mordisqueándoselos suavemente, ahora el que la tenía dura como un diamante de 24 quilates era yo.

Si ella gozaba a quien le importaba, era una mujer, un objeto sexual, no tenía más importancia. Alargué mi mano para abrir la puerta del congelador y coger un poco de hielo, ella se asustó:

- ¿Qué vas a hacer?, dijimos que sin violencia.

- Y sin violencia va a ser- recalqué yo-.

Y es que ¿por qué no podía hacerla sufrir sin violencia?-pensé-.

Una cosa era el sufrimiento psicológico y otra muy distinta la violencia física, y hasta ahora no había necesitado recurrir a ella.

Le restregué el trozo de hielo por los pechos, sobre todo por los pezones, con cuidado de no hacerle daño, no quería que con uno de los lados medio rotos y afilados pudiera hacerla sangrar.

Sufrimiento sí, violencia no, ése era el pacto.

Ella imploraba que estaba muy frío, y ¿qué coño esperaba ésta de un trozo de hielo?, ¿qué echara fuego?, pero no hacía gestos de deshacerse de la posición en la que estaba.

Pues tampoco se sentiría tan mal.

Con el dedo índice le di un golpecito en el pezón donde había aplicado el hielo, que estaba tieso y duro, el gritó que pegó la cabrona se debió oír hasta en la Patagonia, había que admitir que era un grito de dolor y que había ejercido un poco de violencia. Había roto las normas pero ella no se quejó, seguía postrada y aceptando todo lo que le estaba haciendo.

Así que yo seguía con lo mío, le desabroché el botón de los tejanos y se los quité, no sin dificultad, no entendía como podía ir con lesos pantalones tan ceñidos, le tenían que cortar la circulación.

Debajo llevaba un tanga diminuto, de los denominados tirachinas, que le duró muy poco tiempo en su lugar. Dakota estaba chorreando, excitada a tope, y se abrió de piernas tan rápido como le quité el tanguita. Pero aún no me la quería follar, primero quería saborear ese pedazo coño bien depilado y totalmente húmedo que yo iba a secar tragándomelo todo.

Con ella estirada sobre la mesa de la sala de profesores, me arrodillé para absorber hasta la última gota de su jugo y lamer esa preciosa vagina con su inmenso clítoris, seguramente agrandado gracias a la excitación que tenía.

Empecé a lamer por los alrededores de sus inmensos labios, agrandados por la excitación, con suavidad, me había propuesto que la guarra ésta gozara, cada vez me iba acercando más al prepucio que protegía su clítoris, pero sin llegar siquiera a rozarlo. Ella me pedía que la follara ya, que no podría aguantar más, pero eso no iba a pasar aún, se correría cuando yo lo decidiera.

Cada vez que intuía que se iba a correr yo me retiraba hacia los el resto de su cuerpo sin dejar de masajear delicadamente el prepucio de su clítoris. Pensaba tenerla en este estado de sí pero no al menos durante media hora o 45 minutos, para que cuando se corriera fuera realmente espectacular el orgasmo que tuviera.

-Deja que me corra, por favor –me suplicaba-.

- Te correrás cuando yo lo decida.

Estaba claro que no era virgen, eso ya me lo esperaba, la había visto tonteando con otros alumnos y algunos profesores, de hecho una vez la vi besándose apasionadamente con otra chica, a ésta le iba tanto la carne como el pescado.

Le di la vuelta y empecé a besarle esas nalgas tan duritas y prietas que tenía, lo hacía con suavidad y pude comprobar cómo se le erizaba el vello corporal, se estaba excitando, y eso me excitaba a mí, muchísimo…

Consideré que ya estaba a punto, continué lamiéndole su sexo como si no hubiera otro en el mundo, o éste o ninguno, y en cuanto se corrió me entró parte de su jugo en la boca, produciéndome una mezcla de sensaciones, placer por ver como se corría y la cantidad que le salía, y asco ya que me había tragado un poco y a saber lo que me produciría en el estómago en ayunas.

Dakota no dejaba de gemir entre sensaciones de placer y de liberación de casi una hora de excitación sin que la dejara saborear el premio del orgasmo.





Todo se estaba desarrollando como estaba previsto, nada de un polvo de agradecimiento y para casa como se creía ella que iba a pasar, a Dakota la disfrutaría como si fuera el único día que estaríamos juntos, y sin duda tenía que ser así.

Pusimos la ropa a modo de colchón y nos estiramos sobre ella, estábamos a las puertas del verano y hacía buen tiempo, incluso tuvimos que abrir alguna ventana para refrescarnos un poco.

Aún pasándomelo en grande provocándole aquel orgasmo a Dakota yo quería el mío y cogiéndola por la nuca acerqué su boca a mi polla, ella se resistía:

- Déjame descansar, no puedo ni respirar bien aún –dijo ella sin resuello-.

- No tenemos toda la noche, tenemos que ir por faena-le respondí-, además, todavía querrás el examen ¿no?

- Eres un cerdo David, te debo una.

-Más de una, créeme.

No tenía muy claro a lo que me refería y me miró con cara de susto por un momento, pero en enseguida se puso en lo suyo.

Dakota sabía lo que se hacía, no era la primera vez, obviamente. Cogió mi polla con su mano derecha y la comenzó menear arriba y abajo muy despacito y lamiéndola con su lengua como si fuera un polo, lo hacía tan bien que estuve a punto de correrme antes de tiempo, algo que no iba a tolerar, y por eso me concentré para retener el semen.

Ella se dio cuenta y me miró con una sonrisa maliciosa, pero con la mirada que le devolví se percató que más valía no jugar conmigo. Volvió a sus tareas, esas que a las mujeres tanto les gusta hacer pero no reconocer.

Se la puso en la boca y lanzó saliva encima de ella para que no hubiera tanta fricción y siguió lamiendo, tenía claro que le gustaba, ya que se concentró en lo que hacía y no se molestó en saber si estaba disfrutando, sólo le importaba su placer. Le permitiría este acto de rebeldía porque a mí también me estaba volviendo loco.

Estaba a punto de correrme y se lo dije, no sé porqué, pero dio igual, ella siguió succionando sin importarle si mi leche acababa en su boca, lo cual es lo que pasó. Llevaba 3 días sin eyacular y su boca se llenó del todo, entonces sí que se sacó la polla de la boca, y para mi sorpresa se lo tragó todo.

Ahora el que tenía que descansar era yo, la muy zorra me había dejado seco, aunque por supuesto me recuperaría al rato.

En cuanto me recuperé ella se puso encima y me cabalgó como una autentica vaquera y meneando de lado a lado y adelante y atrás sus caderas para sentir dentro de sí mi polla.

Acabé exhausto después de la tercera montada, menuda tigresa estaba hecha. Le dije que se levantara que iríamos a las duchas a refrescarnos y lavarnos, y seguramente a echar un último polvo de despedida.





Ya en los vestuarios, totalmente desnudos, nos dirigimos hacia las duchas, donde la enjaboné bien enjabonada por todo su cuerpo y todos sus orificios.

Ella estaba un poco enfadada por el trato recibido, pero no hay nada gratis en este mundo. Ella quería el examen y yo quería sexo con ella, era un trato justo y correcto entre dos adultos, ella por poco, eso sí.

-Sólo quería el examen, David.-dijo-.

- Y yo sexo – le respondí-.

- Eres un cerdo.

- Y tú una tigresa, anda que no has disfrutado.

- Vete a la mierda.

- De hecho me encantaría darte por el culo.

Ella se asustó y dijo que de eso ni hablar.

- Pues otro polvo vamos a echar.

-Eso ya lo veremos-dijo Dakota-, ya he pagado con creces el examen. Sí quieres más vas a tener que poner un poco más de interés por mí.

- Mira, Dakota, de amor nada de nada, sólo sexo.

- Eso ya lo sé, pero podrías ser un poco más caballero. Sexo sin compromiso, pero de buen rollo, no como si sólo fuera una puta.

- Te has vendido por un examen, todo el mundo tiene su precio.

- Y ¿Cuál es el tuyo?

- Sexo, no me importan las cosas materiales.

- El cuerpo de las mujeres sí.

- Sólo algunos, no todos.

Acto seguido la empujé contra la pared de las duchas y le alcé las piernas para volvérmela a follar ante sus quejas, que esta vez no fueron muchas.

La penetraba con todas mis ganas y sin ningún tipo de resistencia por parte de ella, en el fondo sé que se lo estaba pasando bien.

Cuando acabé harto de ella le dije que se vistiera que tocaba irse, que era muy tarde y sospechoso que todavía hubiera luz en el instituto.

- Cerdo hasta el final- acabó diciendo.

Y, alto y claro para que ella lo pudiera escuchar, dije:

-HABER ESTUDIADO.



LA PROFESORA DE FRANCÉS





El instituto se encontraba situado en la pequeña población de Ódena, en el centro de Cataluña. Hacía poco que había abierto los cursos para bachillerato y habían tenido que traer profesores desde el extranjero ya que nadie quería ir a trabajar a un sitio, tan bonito como mal comunicado, donde que funcionara internet era más difícil de que te tocara la lotería.

Por los pasillos se podían ver desde niños de doce años que comenzaban la secundaria hasta algunos mayores de edad, que ya se afeitaban, que estaban acabando el bachillerato y querían ir a la universidad.

Adele, la nueva profesora de francés, se encontraba en clase recogiendo todos los exámenes de aquellos alumnos que ya habían acabado. Kevin estaba mirando con disimulo su generoso escote, esperaba ser el último en ir hacia ella y poder decirle algo. Y tuvo suerte, Adele se dirigió a los pocos alumnos que quedaban y dijo:

- Kevin, quédate un momento al final de clase que tengo que hablar contigo sobre tu trabajo de final de curso.

- De acuerdo.- respondió él-.



Cuando ya habían transcurrido diez minutos sólo estaban ellos dos en clase. Kevin se levantó y fue a entregar el examen a la profesora, que antes de decirle nada bajo las persianas:

- Es que con el calor que hace prefiero que no entre tanto sol.

Tenía razón, se acababa la primavera y estaba a punto de empezar el verano, el bochorno era insoportable, y el que bajara las persianas refrescó un poco el ambiente, gracias a Dios, ya que él estaba súper caliente con sus pensamientos compartiendo momentos íntimos con ella.

Cuando estuvo a su lado Adele le cogió por la parte de atrás de la pierna y le dijo:

- Tú, aquí, a mi vera.

Ella se percató de la erección que tenía Kevin pero prefirió no decir nada, aunque quería saborear esa enorme polla que se adivinaba bajo el tejano ajustado que vestía.

Kevin le seguía mirando el canalillo, ahora desde arriba, y siguió fantaseando con besar y acariciar esos enormes y, aparentemente, hermosos pechos.

- Mira, Kevin, eres inteligente pero te hace falta esforzarte más. Si quieres yo puedo darte alguna clase particular para que te pongas al día. Sería una lástima que repitieras curso por tan poca cosa. -le explicó Adele-.

- No sé si te las podría pagar.

- Te las daré gratis, no será mucho tiempo y tú tienes un gran talento para desperdiciarlo en un trabajo basura que no sacará lo mejor de ti mismo.

- Entonces de acuerdo, ¿cuándo podemos empezar?- quiso saber Kevin-.

- Sí quieres podría ser mañana, es sábado y tendremos los dos el día libre.

- Vale.



Llegó el sábado y Kevin fue caminando hasta la casa de Adele. No estaba lejos. Vivía en el mismo pueblo y no fueron más de 10 minutos de caminata.

Llamó al timbre y le abrió la puerta una Adele vestida de forma informal, un pantalón corto y una camiseta ajustada que permitía adivinar todas sus formas y que no llevaba sujetador. Kevin tuvo una erección que no pasó desapercibida para la profesora que no pudo evitar una sonrisa pícara.

- Entra- dijo ella-.

Él pasó adentro. El piso era pequeño pero bien distribuido. Ideal para una soltera que vivía sola. Adele había preparado un pica-pica de frutos secos y zumos de fruta, lo tenía preparado sobre la mesa del comedor, que hacía juego con el resto del mobiliario. Eran unos muebles baratos pero funcionales a la vez que resultaban decorativos.

Se sentaron a la mesa y Adele sacó los libros de texto que ayudarían a su tarea de mejorar el francés de Kevin. Mientras él se dedicaba a leer el texto que ella le había propuesto, los dos iban picando de los boles de frutos secos.

Kevin estaba un poco nervioso mientras leía, se daba cuenta del retraso que llevaba en la asignatura, y Adele le puso la mano en la pierna para tranquilizarlo. Eso hizo que más relajarse, Kevin se excitara mucho, la mano de Adele estaba caliente y él no pudo evitar una erección tremenda. Su polla, de unos 20 centímetros, casi no cabía en el pantalón y notó como le empezaba a salir el líquido preseminal. Adele se percató de la excitación de Kevin y le puso la mano sobre la pierna para que se tranquilizara, pero consiguió el efecto contrario. La excitación de Kevin iba en aumento. Sobre todo cuando la mano de Adele tocó de forma fortuita su polla. Kevin no podía más. Adele que también le deseaba le bajó la cremallera. La polla de Kevin salió disparada al exterior manchando la cara de la profesora ligeramente con su semen.

Adele decidió que era hora de tomarse un descanso en la lección. Cogió aquel pollón y lo empezó a masturbar. Kevin estaba alucinado. Tenía 18 años y aún era virgen, de los pocos que quedaba de su grupo de amigos, e iba a perder la virginidad con una de las profesoras más deseadas del instituto.

Mientras estaba siendo masturbado, acarició el pelo de Adele. Una melena pelirroja clara. Era una mujer preciosa. Pelirroja, piel blanquísima y con las pecas justas, ni muchas ni pocas, y unos preciosos ojos verde claro.

Ella se inclinó hacia su entrepierna y empezó a lamerle el miembro. Estaba jugoso por todo el semen que le había salido. Gozaba como hacía tiempo que no recordaba.

Con la punta de la lengua, lamió la polla de Kevin como si no hubiera un mañana. Estaba excitadísima. Le gustaba. Kevin parecía que tuviera convulsiones, pero sólo era que estaba a punto de correrse. Ella quería beberse toda su leche.

Le desabrochó el botón del tejano sin dejar de lamer, no era cuestión que le bajara la excitación. Mientras lamía y chupaba le quitó los pantalones y la ropa interior.

Después de la mamada se lo follaría en aquella misma silla. Ya tendrían tiempo de acabar en la cama. Él era joven y podría aguantar algunos polvos más.

En aquel momento un chorro de semen entró en la boca de la profesora, ella decidió tragárselo. Kevin tenía claro que aquel sería un gran día, pero que difícilmente podría contárselo a nadie. Debería ser un secreto entre ellos dos.

Adele se limpió la cara y se puso encima de él. Aquel chaval era insaciable. Volvía a tener una erección poderosa. Ella estaba chorreando. Se quitó la camiseta y dejo al aire sus enormes, hermosos y todavía jóvenes pechos. Kevin besó sus pezones a la vez que los lamía con suavidad. Quiso probar también el resto de los pechos mientras los acariciaba ligeramente.

Adele arqueó el cuerpo hacia atrás y gimió de placer. Veía que a Kevin le faltaba experiencia pero le ponía ganas, y eso era más de lo que había tenido con esos viejos profesores con los que había estado últimamente.

Se puso la polla de Kevin dentro de la vagina. Empezó a moverse arriba y abajo y meneando las caderas hacia los lados haciendo que Kevin diera auténticos gemidos de placer. Ella no hacía más que gritar y moverse con ganas como si esa polla fuera suya y no se fuera a acabar nunca.

A Kevin le pareció una buena idea masajearle el ano a Adele. Y lo fue. Ella lanzó un alarido de placer que pareció un orgasmo. Eso excitó tanto a Kevin que se corrió en ese mismo momento igual que Adele. Los dos se abrazaron fuertemente y se besaron con pasión. Sus lenguas jugaban con frenesí y sus labios se rozaban suavemente. Las lenguas eran las protagonistas. El miembro de Kevin seguía dentro de ella, aunque ya más reblandecido. Pero largo como era aún no había salido. Además, parecía que se volvía a endurecer.

Adele estaba alucinando. Tenía a un deportista superdotado solo para ella. Y encima él tenía ganas de más.



Decidieron levantarse e ir hasta el dormitorio. Estaban completamente desnudos y se abrazaban y besaban sin cesar. Estaban ellos dos solos y todo estaba permitido.

Nada ni nadie se interponía en su pasión.

- Kevin, ¿qué te parece si te quedas a comer?

- Tendría que llamar a casa, pero no habrá ningún problema.

Se volvieron a abrazar mientras descansaban antes de un nuevo asalto. Los pechos de Adele eran constantemente masajeados. Estaba claro que Kevin tenía hambre y quería ser alimentado. Ella lo saciaría.



Se levantaron y fueron a la cocina a preparar la comida. Primero harían una gran ensalada para los dos y de segundo dos buenos entrecots. Para el postre Adele había comprado un pastel de chocolate pensando en que Kevin se quedara a comer. Acertó.

Dieron buena cuenta de la comida, tenían hambre. Se dedicaron a hablar de cosas triviales mientras hacían la digestión. Volvieron a hacer el amor. Estaba vez encima de la mesa. Fue maravilloso para los dos.

Se despidieron con un beso en los labios tras quedar de volverse a ver. Sin duda los dos habían quedado satisfechos. Sería su secreto.



El lunes, otra vez en el instituto, intentaron disimular el deseo que sentían el uno por el otro. Tan solo se enviaban mensajes por el móvil. Algunos de cariño. Otros más subidos de tono.

Kevin y Adele deseaban que llegara el fin de semana y pudieran dar rienda suelta a su pasión. Cuando llegó el viernes Adele le envió un mensaje de texto a Kevin para quedar al día siguiente a las 10 de la mañana y le preguntó si también podría quedarse a comer. Él respondió que por supuesto.



Kevin llegó a casa de Adele puntual. Tenía ganas de estar con ella. Las clases de francés ya no le importaban. Ansiaba tenerla entre sus brazos y hacerle el amor.

Ella le abrió la puerta vestida sólo con un top y unas braguitas minimalistas. Estaba claro que los dos habían coincidido en que querían lo mismo ese sábado. Y esta vez, a ser posible, también el domingo.

En cuanto ella cerró la puerta se abrazaron y se dejaron llevar por la pasión. Se quitaron la ropa y fueron directamente al dormitorio. Allí él la lazó a la cama y la puso a cuatro patas, la posición del perrito. No hubo preámbulos. El deseo era más fuerte que la razón. La penetró con toda la fuerza que pudo lo que hizo gemir a Adele. Bombeaba y bombeaba sin parar. A veces poco a poco, a veces con rapidez. Los dos sabían que no sería el mejor polvo de la historia, pero ambos necesitaban desfogarse de una semana sin poder ni tan siquiera rozarse.

Mientras se la follaba, a Adele se le abrían las nalgas y enseñaba su ano rosadito. La tentación fue tal que no pudo contenerse y se lo empezó a masajear después de mojarse el dedo con saliva.

Ella lanzaba fluido a chorro de su coño. Se sentía totalmente liberada. Los instintos habían vencido al razonamiento. Estaba siendo follada por un adolescente y no se sentía culpable.

Había escuchado alguna vez en la televisión que, sobre todo en Estados Unidos, había habido escándalos por que alguna profesora había tenido sexo con un alumno menor de edad, pero Kevin ya tenía 18 años. Podría ser reprobable éticamente, pero no legalmente. Además, mientras nadie se enterara no pasaría nada. Habían sabido ser discretos hasta el momento.

Kevin, una vez se había corrido, siguió besando el aquel cuerpo de piel blanca y que tanto deseaba él. Le besó los dedos de los pies uno a uno y lamiéndolos con gusto. Parecía mentira las ganas que tenía de que aquel fin de semana no se acabara.

Siguió subiendo por sus piernas, con mucha tranquilidad y poco a poco, no tenían prisa. Llegó a sus nalgas y se recreó con ellas. Le faltaban manos y labios ante tanta la alta calidad de aquella carne. La besaba con pasión. Ella se giró y él pudo volver a saborear aquellos senos realmente magníficos.

Adele se puso encima de él pero dándole la espalda, y se introdujo su polla hasta el fondo. Una vez dentro de ella se echó para atrás y meneándose con ansia.

Aquello le gustaba. Era todo para ella. Aquel chico tímido pero realmente guapo, pretendido por muchas de las alumnas del instituto, era suyo. Si las demás profesoras, que siempre miraban con deseo a muchos alumnos supieran lo de ellos dos, se morirían de envidia.

Cuando se corrió, se dio la vuelta y se puso la polla de Kevin en la boca. Estaba húmeda por el semen de él y por sus propios fluidos. Nadie sería capaz de poner freno a tanta pasión.

Se deseaban y los dos querían que la aventura continuara. No pretendían enamorarse, pero el fuego aún no se había acabado.

Se levantaron y se fueron a la cocina a prepararse algo de comer. Que fuera rápido. Sólo querían reponer fuerzas e hidratarse. Aquellos sólo era sexo. Pero vaya sexo.

Cuando acabaron de comer, Kevin cogió a Adele por la cintura y la sentó en la encimera. Allí le abrió las piernas y se comió el mejor postre que podría haber deseado. El coño jugoso de Adele. No se secaba nunca. Era una mujer inagotable.

Quedaron agotados y decidieron que lo mejor era dejarlo hasta la semana que viene. De las clases de francés ninguno de los se acordaba.



Tenían clase el martes por la mañana. Cuando terminó la clase Kevin hizo ver que tenía que acabar un ejercicio para quedarse a solas con Adele. Así fue. La clase estaba en el último piso y por las ventanas nadie podía verlos. Kevin se acercó a Adele y se puso a hablar con ella sobre las clases de repaso. Llevaba fantaseando con ella toda la hora y se le notaba bajo el pantalón.

Adele no se pudo contener y le bajo la cremallera para sacarle el miembro y comérselo allí mismo. El riesgo era máximo, pero el deseo también.

Se oyeron pasos en el pasillo y se pararon un momento. La erección de Kevin bajo un poco, pero nada que Adele no pudiera subsanar. Volvía a estar dura como un diamante. Adele saboreaba aquella polla sin freno. Tenía claro que no podían estar así mucho tiempo. Los alumnos volverían a clase y los podían descubrir en plena mamada.

Como Kevin no se había pajeado en dos días estaba lleno y a punto de estallar. Se lo dijo. Daba igual, ella siguió chupando y chupando hasta que explotó toda su leche en la cara. Ella le limpió la polla con su lengua. No dejó nada.

Kevin cogió un kleenex y limpió la cara de Adele manchada con su propia leche. Acabaron de arreglarlo todo poco antes de que el resto de alumnos empezara a entrar en clase para la siguiente hora de francés.



Los días de la semana pasaban lentos para ambos. Deseaban volverse a ver cuanto antes. Pero entre las clases de Adele y los actividades extraescolares de Kevin sólo les quedaban los fines semana o jugársela en el instituto, que ya había habido habladurías sobre el por qué él se quedaba siempre un rato más al final de las clases. En realidad la mayoría de las veces se dedicaban a hablar y ya está.

Se acercaban los exámenes finales y Kevin esperaba que Adele le echara una mano. Habían tenido sexo pero de clases particulares de francés, nada de nada. Si al menos no aprobaba por sus méritos académicos que fuera por el sexo que habían tenido.

Kevin se decidió a encarar el problema:

- Adele, deberías ayudarme de alguna manera el examen.

- No te preocupes, te daré el examen con las respuestas para que saques buena nota. No te pondré un diez, pero haré que no te baje la media con el resto de asignaturas.

- Vale. Estaba ya asustado.

- Ven a mi casa el sábado y hablaremos del asunto, pero sobre todo no te asustes ni lo comentes con nadie.

- De acuerdo. Trato hecho.



El sábado se encontraron en el piso de Adele. Estaban con ganas de tener más sexo, pero primero, ella quería dejar claro lo que pasaría con el examen.

- Kevin, te voy a dar una copia del examen con las respuestas. Sólo deberás poner tu nombre y cuando sea el examen me lo entregas y ya está. Lo he hecho para que saques un 9,5 y así no tengas problemas con la nota media.

Mientras tanto los dos iban picando frutos secos y bebiendo refrescos. El sexo ya llegaría cuando Kevin asimilara lo que acababa de pasar.



Después de más de media hora de charla intrascendente Adele cogió a Kevin de la mano y se lo llevó al dormitorio. Era su juguete sexual y todavía no se le habían acabado las pilas.

Le quitó la camiseta y le acarició dulcemente mientras le decía que se desabrochara los pantalones. Ella fue bajando hasta llegar a su pene erecto. Parecía que no tuviera otra posición. Siempre lo recordaba duro como una piedra. Lo empezó a lamer tras quitarle los calzoncillos. Era delicioso. Lo humedeció con su saliva y tendió a Kevin en la cama. No había prisa. Tenían todo el fin de semana. Habían acordado que él se quedaría a dormir. Aún no sabían que excusa dar a sus padres, pero ya se les ocurriría.

Chupó su polla como si fuera un helado con la diferencia que estaba súper caliente. Kevin se retorcía de placer. Ella disfrutaba como una adolescente que estuviera descubriendo el sexo por primera vez.

Con aquel chico cada día de sexo era como una nueva experiencia. Estaba atlético. Practicaba deporte en el gimnasio y se notaba. Se le marcaban los músculos abdominales que ella ya se había encargado de lamer con la punta de su lengua.

El chorro de leche le llenó la boca. Por poco tiempo. Se lo tragó todo. También manchó su cara y su top. El top se lo quitó dejando al descubierto su poderosa delantera. La cara se la limpió con la mano y se lo bebió todo. Lo quería toda para ella. No quería que se desperdiciara nada de aquel sabroso néctar.



Descansaron un rato metiéndose bajo las sábanas abrazados y acariciándose. La excitación era evidente. La intención era levantarse de la cama sólo para comer, el resto del tiempo estarían haciendo el amor. Ardían de pasión y tendrían que apagar aquel fuego como fuera.

Kevin besó los pechos de Adele. Eran blancos con unos pezones rosa claro. Casi parecían transparentes. Los pezones estaban erectos y duros y daba gusto chuparlos y morderlos con suavidad. No pretendía hacerle daño. Fue bajando hasta la vagina. Pasando primero por el Monte de Venus. Tenía el coño totalmente rasurado, lo que hacía que tanto su vagina como su clítoris fueran más accesibles. Le habían explicado que cuando había vello el sexo oral producía cosquillas. No era este el caso. El cunnilingus era maravilloso, su coño se humedecía con generosidad con cada pasada de su lengua por él.

Kevin se puso de rodillas y alzó las piernas de Adele por encima de sus hombros. Pretendía follársela y a la vez tener las manos libres para acariciar a su Diosa. La metió con fuerza provocando un gemido en ella. Mientras iba bombeando adentro y afuera, iba masajeando su clítoris con precaución de no hacerle daño.

Adele no hacía más que jadear de gusto y le decía a Kevin:

- Más, más mi amor.

Esto aún le provocaba más placer a él y más de seguir. Aunque fuera contradictorio, moriría porque aquel polvo no se acabara nunca, y a la vez estaba deseando llegar al orgasmo al mismo tiempo que ella.

Éste llegó diez minutos más tarde. Los dos al unísono gritaron de placer y se derrumbaron exhaustos en la cama y abrazados como dos enamorados en su luna de miel.



Tras unos minutos de silencio, Adele le dijo a Kevin:

- No me van a renovar el contrato, creo que saben lo nuestro.

- ¿Cómo puede ser?, hemos sido discretos.

- No lo sé. Ya sabes que muchas veces hay habladurías sin fundamento. Pero Ódena es un pueblo y los chismes vuelan a la velocidad de la luz.

- Es posible que alguien oyera algo cuando nos quedamos a solas en clase.

- Sí, es posible- dijo Adele algo triste-. Lo que está claro es que dentro de dos meses me vuelvo a Francia y no creo que nos podamos volver a ver a partir de entonces.

- Es una pena. Contigo me lo paso genial.

- Yo también.

Y ambos se besaron apasionadamente.



Transcurrieron los dos meses y llegó el día de la despedida. Tuvieron una tórrida sesión de sexo y Kevin había sacado un 9,5 de francés y un 10 en actividades extraescolares.

Al día siguiente Adele cargó las maletas en el coche y emprendió viaje de regreso a la Bretaña, donde le esperaban sus padres y el resto de su familia, que se vería aumentada en uno más en poco más de siete meses. Era la semilla de Kevin que ella había deseado y por eso había dejado de tomar anticonceptivos.



LA ENTREVISTA DE TRABAJO





Tras acabar la universidad, ya con 24 años, Carla no encontraba trabajo de ninguna manera. Había ido a multitud de entrevistas de trabajo y en todas le decían que el currículum académico era muy bueno pero que no tenía experiencia. Pero ¿Cómo iba a tener experiencia si no le daban trabajo?

Era la pescadilla que se muerde la cola, no tenía experiencia por que no le daban trabajo, y no le daban trabajo porque no tenía experiencia.

Estaba decidida a probar suerte en el extranjero si antes de seis meses no encontraba trabajo en Barcelona de lo suyo. Se apuntó a numerosas ETTs para ver si alguna la llamaba para algo que no fuera de becaria, que ya había advertido que no aceptaría.

Hizo una intentona en una empresa asiática que abría una sucursal nueva en Barcelona. La intención de esta multinacional era consolidar la oficina de Barcelona como la central para el sur de Europa por lo que ella creía que habría muchas posibilidades de entrar.

Presentó su currículum lo más completo posible y bien redactado esperando poder pasar el primer obstáculo. La fotografía se la hizo un fotógrafo experto. La llamaron para la entrevista para el lunes siguiente. Todo iba sobre ruedas.



Llegó con diez minutos de antelación a la entrevista, no quería hacer esperar a nadie. Iba bien arreglada, ni provocativa ni casta. Una camisa blanca y una falda negra con unos zapatos de tacón bajo. Le daban la imagen de oficinista que seguramente buscaban.

La secretaria la hizo pasar con el director local de la empresa. Se llamaba Daniel y era un cincuentón con bastantes kilos de más. No habría hecho ejercicios en años y seguramente era de los que comían bastante mal y después iba diciendo que el problema era su metabolismo, que él comía como todo el mundo.

Le dijo que se sentara. Estaba cada uno a un extremo de la mesa. Empezó la entrevista:

- ¿Cómo se llama? –Preguntó el director-.

- Carla.

- ¿Por qué ha pensado en nuestra empresa para encontrar trabajo?

- La realidad es que he enviado muchos CV y he realizado otras entrevistas. Estoy esperando respuesta.

- ¿Cree que tiene posibilidades?

- Supongo que sí. Aunque no tengo mucha experiencia laboral, mi expediente académico es magnífico. Sólo espero una oportunidad para demostrar mi valía en un trabajo con buenas expectativas y con futuro. En eso creo que su empresa tiene mucho que aportarme.

- Y ¿Porqué cree que hasta ahora no le han dado esa oportunidad?

- Todos me dicen que me falta experiencia laboral.

- Ahora pasa lo mismo.

- Sí, pero esta empresa es nueva. Está contratando a mucha gente y a mí no me importaría empezar en un puesto bajo si hay posibilidades reales de promoción laboral.

- Bueno dejemos la entrevista por hoy aquí y ya la llamaremos más adelante.

- ¿Seguro o es solo una forma amable de deshacerse de mí?

- Es usted muy gallito.

- No tengo nada que perder. He pensado irme al extranjero. De hecho con mi currículum no sé que puede faltar para que me contraten.

- Seguramente si usted fuera un poco más sumisa podría hacer algo por usted.

- ¿Qué quiere decir?- preguntó Carla un poco temerosa de oír la respuesta-.

- Podrías incrementar tu atención personal hacia los demás.

- ¿Se refiere a practicarle sexo?- Carla estaba cada vez más asustada-.

- A ver, aquí somos todos adultos. Tú ansías un puesto de trabajo con futuro y yo hace años que no he estado con una mujer joven. De mi actual mujer mejor ni hablar.

- ¿Y lo querrá ahora, verdad?-preguntó Carla totalmente aturdida-.

- Me has leído el pensamiento. Si te pones bajo la mesa de rodillas podemos empezar.



Carla se lo pensó, sería como hacer de puta, pero en vez de por una tarifa sería a cambio de un trabajo con expectativas.

Al final se decidió. Se agachó y se puso bajo la mesa. Cuando a la altura de su futuro jefe le bajó la cremallera y le sacó su miembro. Era enorme. Pensó que si aquel hombre se cuidara un poco más, y no fuera un gordo de mierda, podría tener más mujeres a su alcance sin necesidad de humillarlas. Aunque a lo mejor es lo que él buscaba.

Se lo empezó a lamer con cuidado y un poco de asco. Aunque reconocía que pocos pollones como aquel había catado. Era largo y gordo, y el muy cabrón lo tenía bien duro.

Él estaba disfrutando más que ella. De eso no cabía ninguna duda.

Siguió lamiendo, de rodillas, totalmente humillada. Pero le gustaba. Mojó con su saliva, abundantemente, la polla de aquel degenerado. Se la metió en la boca hasta el fondo llegándole hasta la campanilla. Estaba buenísima. Cada vez estaba más excitada. De vez en cuando le venían arcadas. Pero ya no eran de asco, sino porque no le cabía toda en la boca y necesitaba sacarse un trozo fuera.

Mordía suavemente el capullo con los dientes. Le hubieran venido ganas de arrancárselo de cuajo. Pero la necesidad de tener un buen trabajo era mayor. Así que cada vez que le mordía arrastraba los dientes por su polla dejando finas líneas blancas.

Él gemía de placer. Será hijo de puta. Le hago daño y encima disfruta. No había justicia en este mundo, pensó Carla.

Sin previo aviso se corrió en la cara de Carla dejándola toda empapada. Por un momento pensó en marcharse pero Daniel le dijo que de eso ni hablar.

Él tenía otros planes. Le pidió a Carla que se subiera encima de él y lo cabalgara.

Carla pensó:

- Encima me va a gustar con el pedazo polla que tiene.

Pero ella ya había decidido que sería sumisa y que se vengaría con el tiempo.

Se metió la polla de Daniel en su coño, tímidamente húmedo, Y se empezó a mover. Decidió que ella también disfrutaría. Ya vomitaría al llegar a casa y recordar lo que estaba haciendo. Pretendía que Daniel quedara satisfecho y no pudiera prescindir de ella. Si más adelante tenía que volver a follárselo lo haría grabándolo con el móvil y poderle hacer chantaje.

De momento a pasar por el tubo. Nunca mejor dicho.

Se volvió a concentrar en su trabajo actual, dar placer al cerdo.

Siguió cabalgándole y meneando las caderas como si fuera una jinetera. Tenía que admitir que le estaba gustando. Aquella polla le tapaba todos los huecos de su coño. Se humedecía cada vez más. Aquel cabrón conseguiría que llegara al orgasmo.

Daniel gemía de placer y parecía un pulpo. Sus manos se ocupaban de los pechos de Carla como si estos fueran a poder calmar su hambre. Los besaba con ansia y lamía sus pezones morenos y en punta hasta dejarlos chorreando de babas. Se dio cuenta de que ella también estaba gozando y eso le sorprendió. No es lo que pensaba que sucedería. Pero a Daniel eso le daba igual. Quería inundar el coño de aquella becaria con toda su leche. La cambiaba por su mujer sin pensárselo dos veces. La suya nunca había puesto tantas ganas ni cuando eran jóvenes.



Para asombro de ambos llegaron al orgasmo a la vez. Fue espectacular. A los dos se les puso la piel de gallina y gritaron. Carla temió que los hubieran podido oír, pero Daniel que se había dado cuenta de lo que ella estaba pensando le dijo:

- No sufras, las paredes son tan gruesas que nadie oirá nada.

Se tomaron unos minutos de respiro con Carla sentada encima de Daniel que le confirmó:

- El puesto es tuyo. Comienzas la semana que viene.

- Y ¿Cuál será mi trabajo?

- Adjunta al director. ¿Te gusta viajar?

-Sí. Además no tengo ni pareja ni hijos. No tengo ataduras.

- Perfecto. Quedamos así, pues.



Cuando Carla llegó a casa se quitó la ropa, que ya había decidido que tiraría a la basura y se duchó durante más de media hora. Se sentía sucia. Había vendido su cuerpo por un puesto de trabajo. Aunque, sexualmente, había disfrutado, no podía menos que sentirse humillada, sucia y una vulgar puta. Y lo peor de todo es que daba por hecho que se tendría que volver a vender a Daniel. Esto no había acabado.

Tenía sentimientos enfrentados con respecto a Daniel, por un lado le daba asco, por el otro había disfrutado como nunca con aquella polla. Si él fuera más amable hasta estaría como loca por volverle a ver. Ahora no estaba segura.



El lunes fue a trabajar como le había dicho Daniel, aunque primero debería pasar por Personal para firmar el contrato. Un mero formalismo.

Cuando fue al despacho de Daniel, éste le enseñó cual sería su despacho. Estaba al lado del suyo y se comunicaban entre sí.

- ¡Será cabrón! -pensó-. Me quiere tener controlada a todas horas. Puta crisis que te obligaba a aceptar cualquier cosa.

Al menos ya tenía un buen trabajo y un buen sueldo. Ya era oficialmente una puta de lujo. Además Daniel le había dicho que podría viajar y eso le gustaba.



Quería empezar con buen pie aquella aventura laboral y se familiarizó con los programas informáticos de la empresa. Ya le habían configurado su correo electrónico y se decidió llamar a algunos clientes que tenía en la agenda que le habían dado.

Todo iba sobre ruedas, a excepción de su inglés que tenía un poco oxidado, pese a los seis meses que había pasado en Londres para mejorarlo. Allí había demasiados españoles.

Tuvo que llamar a los que les pagaron su estancia en Londres, sus padres, para decirles que todo iba de maravilla. Si no lo hubiera hecho se hubieran puesto hechos una furia. Lo de la entrevista de trabajo lo obvió. Era mejor así. Ojos que no ven, corazón que no siente.

La charla con su madre, su padre estaba en el trabajo, fue típica y tópica.

-¿Cómo te va? Hija.

- Genial.

- Me alegro, espero que aproveches esta oportunidad, es muy buena.

Si supieras a qué precio, pensó Carla, pero prefirió no contarlo.

- Sí, es muy oportunidad. Adjunta al Director y con un sueldo como Dios manda.

- Ahora métete en un piso.

- De eso nada. Primero tengo que asegurarme que esto va a durar, después ya me hipotecaré como todo el mundo. Prefiero ahorrar un poco primero para dar una buena entrada.

- ¿No querrás seguir viviendo en ese cuchitril dónde estás ahora?

- No, eso tampoco. Pretendo mudarme a un piso de dos o tres dormitorios y convertir uno de ellos en un despacho por si tengo que llevarme trabajo a casa.

- Me alegra oír eso.- Dijo su madre llena de entusiasmo.

- Adiós, Mama, Tengo trabajo y no puedo seguir hablando.

-Adiós, Carla, ¿Nos vemos el fin de semana?

- Supongo que sí. Ya te llamaré para confirmarlo.

Ambas colgaron y Carla volvió a su agenda, tenía que hacer una llamada a su central en Hong Kong, aunque primero miró el reloj para ver qué hora sería allí. Es posible que ya hubieran cerrado, pero lo probó. Efectivamente, no contestaba nadie.



Al cabo de un rato, Daniel llamó a Carla a su despacho.

- Ya estamos-pensó ella- otra sesión de sexo.

Pero no. Estaba equivocada. Daniel sólo quería decirle que su primer viaje sería la semana siguiente.

- Parece que ya tuvo suficiente sexo con el del otro día-pensaba inocentemente-.

- El lunes salimos para Frankfurt, y después, el miércoles, para Hong Kong, estaremos toda la semana fuera.

- ¿Nosotros dos?-Exclamó Carla sorprendida-.

- ¿Te parece mal? –Preguntó Daniel-.

- No, supongo que está bien.

Carla empezaba a pensar que Daniel lo que quería es tener sexo con ella en todas las ciudades del mundo posibles.



El sábado fue a comer con sus padres. Su madre era una excelente cocinera y hacía tiempo que no comía un buen guiso.

Le hicieron las inevitables preguntas sobre el nuevo trabajo.

Tuvo que aceptar de mal grado que a excepción de la entrevista todo lo demás era genial. Les contó que se iba de viaje a partir del lunes pero que el fin de semana ya estaría de vuelta y que el sábado comería otra vez con ellos.

- ¿Y tus compañeros de trabajo?-quiso saber su madre-.

Si tú supieras pensó.

- Genial, hay mucho compañerismo.-acabó diciendo-.

-Eso está bien-afirmó su padre-.

- De hecho, el viaje a Frankfurt y a Asia, es con el director.

- Eso es que tiene confianza en ti.-dijo la madre-.

Demasiada, volvió a pensar Carla.



El lunes, Carla, había quedado en el aeropuerto con Daniel a las siete de la mañana para coger el avión hacia Frankfurt.

Se mostró cordial y en ningún momento pareció ir de jefe, parecía más un compañero.

Facturaron las maletas y fueron a tomar algo, era temprano y ella sólo había tomado un café con leche en casa. Estaba hambrienta.

En uno de los bares que había en la terminal ella pidió otro café con leche y un bocadillo de jamón, mientras que Daniel se decantó por un zumo de naranja y una ensaimada.

Ambos dieron buena cuenta del desayuno y se dirigieron hacia la puerta de embarque, no quedaba mucho para empezar a subir al avión.



Tanto Carla como Daniel aprovecharon para echar una cabezadita en el avión. Tenían más de una hora y la aprovecharían para dormir.

Al cabo de una hora de vuelo empezaron a descender, primero poco a poco, después más rápido. Media hora más y ya habrían aterrizado.



Una vez en el aeropuerto de Frankfurt a recoger sus maletas que llegaron sin problemas. Cogieron un taxi y fueron hacia su hotel, donde les esperaban dos espaciosas habitaciones contiguas que se comunicaban entre sí. Sorpresa.

Desde allí fueron a las oficinas de la matriz europea para la que trabajaban y se reunieron con el equipo directivo. La reunión fue muy cordial y quedaron en verse en Barcelona en un tiempo máximo de dos meses para ver como arrancaba la filial española.

Carla y Daniel fueron a comer a un restaurante típico alemán. Querían saborear la gastronomía de cada país por el que pasaran.

Daniel se puso un poco besucón y toqueteó a Carla. La cerveza se le había subido a la cabeza y estaba perdiendo las inhibiciones.

Carla trató de controlarlo y hacerle ver que estaban en público. Al cabo del rato consiguió que se calmara y fueron a dar una vuelta por la ciudad para que Daniel se despejara.

Cuando lo consiguió se dirigieron al hotel. Carla tumbó a Daniel en la cama de su habitación y le quitó los pantalones para que estuviera más cómodo. En ese momento salió disparada la enorme polla de aquel cabrón. Tenía una erección tremenda y a Carla le vinieron ganas de arrancársela de cuajo.

Pero también le apetecía comérsela entera. Tenía sentimientos enfrentados con aquel hombre. Suponía que lo único que le hacía falta era una mujer que lo quisiera. No la actual, que era sólo una mujer florero.

Le cogió la polla con las dos manos, hubiera necesitado una tercera por el tamaño, y se la puso en la boca. Técnicamente sabía que aquello era una violación ya que él no había dado su consentimiento y estaba medio dormido. Ya se despertaría.

La chupaba y la mordía con ganas. No se quejaba. Estaba KO.

Ella estaba disfrutando haciendo lo quería con Daniel. Mientras se la seguía chupando le masajeo el ano con su dedo índice que previamente se había mojado con su propia saliva. Él tuvo un pequeño espasmo y parecía que volvía en sí. D

Daniel puso cara de sorpresa cuando vio lo que estaba pasando. No se quejó. Le gustaba y no quería que Carla dejara lo que estaba haciendo. Realmente aquella chica había sido el mejor fichaje de su vida.

Cuando él notó que se iba a correr no se lo dijo. Quería alimentarla con su leche. Y eyaculó. Carla hizo ademán de quitarse la polla de la boca, pero rectificó y se lo tragó todo. Siguió lamiendo aquel miembro tremendo hasta dejarlo limpio como una patena.

Se fue al baño y se limpió la cara del semen que había salpicado y volvió a la habitación a hacer compañía a Daniel. Quería hablar con él.



- Daniel tenemos que hablar.-Dijo Carla-.

- ¿Qué quieres?, yo no he hecho nada, has sido tú.

- No es eso. Si te cuidaras un poco y cuidaras tus modales podríamos tener una buena relación.

- ¿No me dirás que te has enamorado?

- No seas tonto. Me refiero a una relación de amantes y buenos compañeros de trabajo.

- ¿Y qué crees tú que debería hacer?

- Para empezar perder unos kilos, estás demasiado gordo. Sólo tienes que comer bien, no es tan difícil.

- Como demasiado en restaurantes y sirven comida que engorda.

- Pues cambiaremos de restaurantes. Y una vez a la semana podrás comer en uno de los que vas ahora habitualmente.

- Va a ser duro.

- No creas. Si comes bien no pasarás hambre y no tendrás que andar picando luego durante todo el día.

- ¿Y también me pedirás que vaya a un gimnasio?

- No es necesario. Camina media hora diaria y muévete un poco más, será suficiente.

- ¿Algo más?

- Cuida tus modales. Que tu mujer sea una golfa florero no es culpa del resto de la humanidad.

- Lo intentaré.

- No. Lo harás.

Carla estaba satisfecha, había cogido las riendas de la relación. Ya nada volvería a ser igual.



LAS NOVICIAS





La crisis económica estaba en su momento más alto desde que estalló hacía ya más de diez años. Alba y Sonia habían agotado todas las opciones y perdido cualquier esperanza de encontrar trabajo.

Se habían planteado ir al extranjero, pero no querían alejarse de sus seres queridos. Ambas, que no se conocían entre sí, decidieron que se podían hacer monjas y vivir de lo que les diera la Iglesia. Al fin y al cabo habían sido educadas en la fe católica y ambas eran vírgenes. Claro que habían tenido sexo, pero eran lesbianas y el himen lo tenían intacto. Al fin y al cabo eran lesbianas y no les apetecía estar con un chico.

Alba ya tenía los 18 años y Sonia acababa de cumplir también los 18. Se dirigieron al monasterio donde aspiraban a entrar de novicias para más adelante llegar, con los años, a hacerse monjas. Alba era de Teruel y Sonia de Cáceres.

Tenían un poco de temor con la vida que les esperaba dentro. Siempre podían dejarlo si no les atraía esta vida. Otro temor que tenían era que las enviaran a misiones, no querían alejarse de su comunidad.



Les sorprendió que tuvieran que compartir celda con otra novicia. Había habido un aumento de jóvenes que aspiraban a la vida religiosa, entre novicias y postulantes. A Alba y a Sonia les tocó convivir juntas. Los primeros días eran difíciles, la vida estaba muy estructurada y no había la libertad de acción del exterior.

Todos los días era lo mismo. Rezos, estudio, meditación y las comidas.

El origen de las novicias era dispar, de todas las razas, clase social, y diferente nivel cultural. Sin duda la crisis había influido en el aumento de vocaciones, tanto en mujeres como en hombres que querían hacerse curas.

Cuando salían al patio a pasear o dando vueltas por el monasterio, Alba y Sonia siempre iban juntas y hablando de cómo había sido su vida anteriormente. Se dieron cuenta que tenían muchas cosas en común. Las dos venían de ciudades pequeñas y no eran muy amigas de ir a fiestas. Buenas estudiantes, y de familias muy unidas. Eran de misa dominical y de colaborar de vez en cuando con caritas diocesana para ayudar a los más necesitados que no siempre era por temas económicos. Mucha de la gente que iba a caritas era para ser escuchada, sólo querían hablar con alguien que los reconfortara de los males que aquejaban a la sociedad moderna. El más importante de todos era la soledad. Vivías rodeado de gente, pero todos eran extraños. Cada cual iba a la suya.



De vez en cuando sus manos se rozaban y ninguna de ellas hacía nada para evitarlo. En un primer momento nunca hablaron de sexualidad. Era un tema tabú en aquel lugar.

Pasadas algunas semanas, tras conocerse mejor, fueron ampliando los temas de conversación y preguntando sobre si habían tenido algún chico en sus vidas. Ambas reconocieron que ése no había sido el caso.

Alba y Sonia se percataron que se sentían atraídas entre ellas y que no podían estar la una sin la otra. Los hábitos no permitían que sus cuerpos se mostraran a las demás novicias, pero en la celda ambas se habían podido ver desnudas, aunque siempre intentaban no insinuarse.



Alba era una chica delgada pero con buenos pechos, no tenía mucho trasero pero tenía forma de pera y era realmente bonito. No era muy alta, a lo sumo 1,55 metros.

Sonia por su parte estaba más rellenita, pero sin estar gorda. Tenía una cara preciosa y era tan risueña como Alba. Aún estando en el monasterio intentaban no perder la sonrisa. Medía 1,70 metros y destacaba por encima de las demás novicias. Era la más alta.



Después del paseo fueron al comedor a cenar. Lo hicieron en silencio, después de rezar, como era preceptivo. Cuando acabó la cena recogieron la mesa y se retiraron a sus celdas. Allí se quitaron los hábitos y Alba decidió ir a ducharse. Había sido un día duro y necesitaba refrescarse.

Sonia vio como se desnudaba y no pudo evitar excitarse. Intentó rezar para no caer en la tentación, pero el deseo era más fuerte. Ella también se desnudó y se dirigió a la ducha detrás de Alba. El agua ya corría.

Entró en la ducha y cogió un poco de jabón. Alba ya estaba remojada y Sonia le enjabonó la espalda sorprendiendo a la otra novicia. Pero la sorpresa inicial pasó a convertirse en aceptación por parte de Alba. No estaba segura de hasta donde quería llegar Sonia, sin embargo dejo que siguiera. Se sentía feliz de que por fin hubieran aflorado los sentimientos que ambas tenían la una por la otra.

Sonia, después de la espalda de Alba, bajó hasta las piernas enjabonando a aquel bomboncito. Era una chica preciosa.

Sentía miedo de enjabonarle las partes íntimas. No quería que Alba se asustara y se fuera. Pero el temor se tornó en satisfacción cuando fue la misma Alba la que tomó las manos de Sonia y le dijo:

- No tengas miedo, las partes íntimas también hay que lavarlas que hoy hemos trabajado mucho y no te puedes imaginar lo que he sudado.

- Lo siento, me daba pudor.-dijo Sonia avergonzada-.

- No temas. Ya sabes que esto no puede salir de aquí, nos expulsarían.


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